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martes, 25 de agosto de 2009

MIL HORAS


Tienes mil horas contando una a una
mil horas perfectas,
mil horas contiguas.
Todas son una y lo sabes,
el hombre, el estúpido hombre encontró la manera de
hacer de las horas un solo país con idiomas distintos y
visas perversas.
Cada segundo es también habitante entre un muro de Stalin y
un muro de Roosevelt.
La guerra del tiempo ha iniciado temprano, en la sangre, en los siglos,
en el virus que miente, que vota y que cree en democracia.
En el falso mesías que toca la puerta y se queda a vivir para siempre en la
fe de los huesos.
How many years do you have in your eyes?
¡Qué pocas horas! Que poca vergüenza cambiarnos el rostro sincero de
todos los días por césares muertos.
Mil horas fantasmas,
mil horas vestidas de puta en la esquina del tiempo,
mil horas sin brazos, sin curva en sus ochos, aniquiladas por bombas de engranes y napalm de péndulos.
Mil horas que escriben un solo epitafio en las frentes nerviosas.
¿Quién malamente dispuso del tiempo?
¿Cómo acabó encapsulado en farmacias?
¿Por qué ahora se vende por metros cuadrados después del deslinde en las venas?
Mil horas no sirven de nada cuando hay esa veda en las horas del sueño.
Octágono infame en que caben mil horas y efímeras horas que solo retienen
polígonos tristes.
Mil horas conducen a una sola Roma, a un solo Berlín dividido por viento, a un
anaquel ya vacío donde hubo un poema, al planeta de un niño adorando a una rosa.
Mil horas no son ni una sola agonía, todas ellas esperan a un nuevo Merlín que convierta el reloj en un tiempo sin patria. Donde cada minuto sea libre de
entrar por la puerta que guste y marcharse a las horas que quiera.
Siendo sinceros, ¿quién no quisiese escapar de ese bicho esposado a la mano?
Ese goteo inquisitorio de apuro y martillos y es hora de irnos.
Sería extraordinario mirar las estrellas sabiendo tan solo que es noche o quizás
madrugada.
O conferirle al azar los ocasos y auroras.
En muy poco tiempo, mil horas si acaso, cada reloj de pulsera sería equivalente a
Big Ben aplastando las sienes.
Sería despreciable volver a los duendes de dos manecillas,
What time is it… nunca más.
Ay, sería extraordinario dejarle el reloj a esos hombres con casco que van al
espacio a buscar dónde diablos se fueron los Mayas.
No más seis con treinta ni diez menos cuarto. Mejor rosicler, gallinicio, alborada o
el nombre de pila de Noche Intempesta.

Fausto Vonbonek